“CREO QUE HAY UNA VERTIENTE SAGRADA EN TODAS LAS COSAS”
Mariano Cornejo Lasteche en DIÁLOGOS 2011
Diálogos 2011 – Entrevista a Mariano Cornejo Lasteche
Mariano Cornejo pasa sus días entre Buenos Aires, Salta y
Molinos. Nació en Salta pero hace mucho tiempo que sus ansias de pintar lo
llevaron lejos, primero a Buenos Aires donde tuvo una rigurosa formación y
luego hasta el viejo mundo, donde completó la primer parte del periplo (que
evidentemente no termina).
Consagrado a nivel nacional e internacional por su obra plástica, pinturas y
esculturas, tiene la fama bien ganada, sobre todo desde que en 2008, en ArteBA,
un coleccionista adquirió toda su obra antes de comenzar la exposición. Pero
además de poder vivir de su obra (la utopía de todo artista) su veta creativa
se expande sin pausas hacia la fotografía (“que es un caso de la pintura”,
según dice) y la poesía.
Lo convocamos para charlar en el ciclo Diálogos, las entrevistas que
organiza la Secretaría
de Cultura, y participó hablando durante casi dos horas, con la sencillez
de un genuino creador. El público -curiosamente conformado por muchos más
poetas y gente común que por artistas plásticos- participó activamente de la
charla.
-¿Cómo recordás tus
primeros 18 años en Salta?
-Es la infancia, fundamentalmente es la infancia, los
juegos, la casa. Ya estaba presente el paisaje, me encantaba ir solo por ahí
caminando, ya empezaba a pintar, creo que arranqué a pintar a partir de los
once o doce años. Tenía realmente una gran necesidad de ver pintura así que
intentaba acercarme por todos lados, ya sea por libros o viendo cuadros. Creo
que fue fundamental haber frecuentado sobre todo a Julio Coll. Fue mi primer
maestro, con él salíamos a pintar al campo, fue clave su orientación. Y luego
con Osvaldo Juane, unas breves clases que fueron para mí muy importantes. Era
permanente aprendizaje. Lo difícil era encajar esas ganas y esa necesidad con
el resto de mis amigos, con la vida cotidiana. Era raro que un chango tomara
clases de pintura. Que prefiriera dejar un partido de fútbol por ir a tomar
clases de pintura.
-¿Cuáles fueron los
colores de tu infancia?
-Muy fuertes y los retomé no hace demasiado tiempo. Cuando
era chico quería ser un pintor como los Derain, Matisse, o como los
impresionistas, ese era mi primer entronque con la pintura y pretendía ser
ellos. Encaraba el paisaje tratando de pintar a la manera de ellos, creo que
fue un inmenso aprendizaje que me sirve hasta ahora. Don Julio Coll, por
ejemplo que me hizo dudar del color que obviamente uno cree que está viendo,
cuando se empieza a poner en duda eso, uno empieza a sutilizar el ojo. Ese
ejercicio me sirve hasta ahora.
-¿Qué es más
importante para una artista plástico, la formación o el oficio?
-Las dos cosas. Me hubiera perdido de muchas cosas sin el estudio. Si acá
hubiera un chango que quiere estudiar plástica, les diría a los padres que
ninguna academia le va a torcer el gusto, o la mirada, si es que ese chango
tiene algo que decir.
-Y el oficio, ¿cómo
encaras el día a día con el trabajo?
-El oficio, en cuanto a la técnica es haber aprendido
concretamente a manejar bien los elementos, como para elegir qué uso. Creo que
los artistas deben terminar generándose su propia técnica ¿no? Y de técnica a
estilo estamos a un paso. Por lo menos los artistas plásticos que me interesan
se han inventado ellos mismos una propia técnica o han usado las conocidas,
pero de tal modo diferenciadas que uno ve cien cuadros y dice: eso
es de Líbero Badii, por ejemplo. La otra parte de la pregunta, en cuanto al
oficio día a día, es muy básico, me paso todo el día pintando. Desde la mañana
a la noche.
-¿Cómo definís tu
estilo?
-Pasa que yo he abierto bastante el abanico, tengo varias
técnicas según el tipo de obra que vaya a hacer, pero fundamentalmente trabajo
mucho sobre la madera, lo que sería madera policromada, tanto cuando hago
objetos como muebles o cuando hago tablas, maderas sobre la pared, maderas
pintadas.
-¿Cómo definís el
arte contemporáneo?
-Es un caos, el mismo caos del mundo contemporáneo. Si el arte refleja el
tiempo que corre, el arte es un caos, para bien y para mal. Creería que es el
momento de la historia menos claro, y el artista va en esta marejada haciendo
lo que cree que debe hacer.
-Para acceder a la
poesía contemporánea se necesita haber leído poesía anterior… ¿en el caso
del arte plástico también?
-Sí, el arte hace mucho tiempo ha dejado de ser democrático, a pesar de que
estos últimos siglos hayan sido los de mayor esfuerzo de la humanidad para que
lo sea. Sin embargo, paradojalmente el arte se ha vuelto una cosa altamente
difundida pero muy elitista, en el sentido de que hay muchísimas cosas que si
uno no tiene una clave como para entrar en una determinada exposición o
determinada instalación, se puede quedar absolutamente afuera de lo que está
pasando.
-¿Y no basta con la
sensación de que algo te guste o no te guste?
-Caseramente, sí. Siempre está la sensación y eso es indiscutible. Ahora, a
partir de allí como para empezar a darle una valía algo más criteriosa, más
allá de la mera sensación, hay que estar preparados, lo cual no me parece bien
en un punto. Creo que el arte se ha complicado de tal manera que se convierte
en un poderoso abanico de posibilidades que en muchos casos te dejan afuera.
-¿En qué momento
pasás de la figuración a la abstracción?
-Yo me había casado con la abstracción… porque partía de una formación con unos
pintores abstractos poderosos como Ari Brizzi, y como siempre cuando uno es
joven, se embandera en algo y dice: “ésta es mi verdad”. La vida y el propio
trabajo de taller fueron tamizando esa rigidez. Los primeros trabajos
figurativos empiezan a aparecer cuando mis hijos tienen uno o dos años y
empiezo a hacerles juguetes, avioncito, caballito, helicópteros. Yo solo entré
de nuevo a la figuración, rompí el preconcepto de que el artista tiene que ser
abstracto, sigo siendo muy amigo de la abstracción, me encanta esa definición
de Paul Klee que dice: “soy abstracto con recuerdos”, me encanta. El arte, la
pintura demasiado explícita nunca me interesó demasiado en el arte
contemporáneo, aunque en Velázquez me parece perfecta ¿no? Creo que lo que
sostiene una buena anécdota, es sobre todo una muy buena armadura, desde el
punto de vista plástico.
-¿Tenés obsesiones a
la hora de la creación?
-Cada serie y cada tema es una obsesión, definitivamente, o sea, hace un par de
años veníamos haciendo unas cabalgatas con unos amigos por Amblayo, y el
esquema del paisaje se me instaló obsesivamente al punto que hay toda una
serie de cuadros que tienen formas de quebrada, de montañas, una serie como de
setenta cuadros, o sea, cada tema que uno toma, cada subtema dentro de la obra,
a lo mejor es una sola obsesión, lo que pasa es que uno se ve obligado a ir al
próximo cuadro y al próximo porque no está saciado con el que salió primero, es
compulsivo. Yo por lo menos no lo elijo racionalmente, los temas se imponen.
- Las texturas, las
erosiones parecen ser una constante en tus obras, ¿es acaso el tema del tiempo
una de tus preocupaciones?
-No. No sé cómo decirte, no hay una vinculación entre la superficie erosionada,
digamos, y una percepción mía del tiempo o del paso de la vida, simplemente me
gusta el color que aparece a través de una superficie, porque si vos te ponés a
pensar el rojo que está atrás tuyo, que es un terciopelo, ese rojo solamente
existe arriba de ese terciopelo, porque si estuviese arriba de un plástico el
mismo rojo funcionaría distinto y arriba del vidrio funcionaría distinto y así
sucesivamente, o sea, esto de decir a mí me gusta el rojo es una tontería,
¿sobre qué? Creo que esto se ha explorado bastante poco, el color es su piel,
el color es la textura a través de la cual aparece, eso a mí en plástica
me interesa muchísimo, y sí, el mismo azul ultra mar del pomo, en diferentes
texturas, va a ser un color distinto, entonces, eso es interesante. Siempre me
han interesado ciertos pintores que han trabajado la superficie táctil de la
obra y que se han comprometido con eso, es como si el ojo necesitara de esa
rugosidad para caminar sobre la superficie ¿no? Trabajo muchísimo en eso, capa
sobre capa.
-¿Cómo surge aquella
serie Zodíaco que revolucionó Arte BA en el 2008, esos doce sillones cada uno
con un signo?
-Venía haciendo una serie de esculturas-sillones y había hecho una
pequeña serie que habían sido las cuatro estaciones, había hecho
cuatro estaciones en collage grande uno de los cuales por suerte para mí está
en el museo de Arte Contemporáneo y acompañé en esa exposición a cada uno de
los collages con cuatro sillas que eran cuatro banquetas, cuatro sillones raros
que formaban: primavera, invierno, verano, otoño. Me gustó esto de hacer una
cosa unitaria, ya había hecho una silla que llamé silla cangrejo porque tenía
una forma parecida a un cangrejo. Bueno, cangrejo es uno de los signos del
zodíaco y comencé a madurar la idea de desarrollar todos los signos en forma de
sillones. Me encanta la idea de esculturas que se usan para sentarse, pero no
puedo hacer dos sillas iguales, me aburriría…
-¿Cómo lograste abrir
esa veta comercial en el sentido de que podés vivir de tu obra?
-Han sido años de estar bregando en Buenos Aires por estar o permanecer en
algunas galerías, en lo posible que fuesen de las buenas. Ser aceptado,
presentar las carpetas, que me conozcan, ir adelantando fichas dentro de
este mundo que tiene que ver con la salida comercial. Mucho trabajo y muchos
vaivenes también
.
-El misticismo, la
astrología, el simbolismo también están en tu obra, ¿sos un estudioso de estos
temas? ¿Te interesan particularmente?
-Era. Estudié en una época, estaba muy interesado en el esoterismo, en este
sentido, las corrientes del pensamiento vinculadas a lo sagrado en diferentes
religiones o en diferentes culturas, en diferentes artes, ya sea arte islámico,
arte hindú y ahí entrabamos un grupo de gente interesados en analizar
textos, los vedas, el popol vuh, el génesis cristiano, con el apoyo de una
serie de autores que manejan los símbolos que se dan en las diferentes
culturas. Eso es muy importante para mi obra.
-¿El arte participa
de lo sagrado, nutre tu obra esto?
-Sí, yo creo que toda la vida participa de lo sagrado, el hecho de estar acá,
el hecho de que florezcan los lapachos, más allá de toda religión y de todo
“ísmo”, creo que hay una vertiente sagrada en todas las cosas. Creo que la
naturaleza es sagrada o es lo sagrado. Eso a mí me nutrió porque me puso en
contacto con maravillas del arte que son muy difíciles de conocer, o sea, en la
historia del arte que se aprende en la facultad, no está la historia del estilo
de los mandalas tibetanos. Cuando estudiás los mandalas tibetanos te haces un
mundo plástico de una riqueza absolutamente extraordinaria.
-¿Qué pasa con tus
convicciones religiosas, en qué creés?
-Hace bastante tiempo que mis convicciones religiosas no me molestan más. Es
como que me hubiese des-peleado con Dios. Tengo una pelea latente con los
curas, latente que en cualquier momento explota. Por ejemplo, uno se entera de
que la curia manda a suspender las manifestaciones artísticas porque molestan
(la entrevista fue en septiembre, días del Milagro en Salta) y pienso que los
pueblos en los Valles, están llenos de altavoces espantosos para difundir unos
cantos horrendos, referidos a la religión católica, con la peregrina idea de
que eso atrae a los feligreses (aplausos del público). Bueno, no quiero hablar
del tema (dice enojado).
-En abril próximo vas
a presentar una muestra acá en Salta, ¿cuál va a ser la temática?
-Voy a intentar hacer una pequeña retrospectiva, una especie de raconto de los
últimos veinte años, que son cosas que no he presentado en Salta, yo he
expuesto poquísimo en Salta en los últimos años, entonces, bueno, intentar
hacer eso.
LA GENTE PREGUNTA
-¿Comenzás una pieza
y la terminás, o vas haciendo zapping con distintas obras? ¿Cómo es tu trabajo?
-No. El taller tiene un montón de piezas que se están haciendo al mismo tiempo,
nunca es un solo cuadro, sino que es casi una serie de cuadros que arranco la
misma semana. Es como si fuese pintando un sólo cuadro, dividido en diez
cuadros, ¿se entiende?, es una serie.
-¿Los tenés en la
cabeza y los vas armando…?
-No los tengo en la cabeza, ese es el problema, van saliendo solitos, se van
imponiendo. Tengo un cuadro ahí que tiene verde, el de allá tiene naranja,
entonces muchas veces pongo un color en el cuadro que está acá, en función del
otro que está allá, es como si fueras a hacer una sola obra ¿no? dividida en
una serie x de cuadros, llega un momento en que uno se concentra
particularmente en ese cuadro para terminarlo, pero siempre está acompañado de
otro, de otro y de otro
.
-¿Te pasó de soñar
una idea alguna vez?
-Todo el tiempo. Es que uno entra en una especie de ensoñación, en este caso
plástica, de colores, formas, tensiones, texturas, pero ese no es el cuadro, es
esa pulsión interna de una situación plástica que debe ser hecha. El mismo día
que planteaste el material, la medida que necesitás, todo eso, esa idea ya es
prehistórica y la primera mancha que aparezca sobre el cuadro va a ser tan
determinante que te va a llevar por otro camino. Pero ese camino que sigue el
cuadro, salió de esa idea, pero como no te satisface viene el segundo cuadro y
el tercero, el quinto, el veinteavo cuadro, en realidad todos están
respondiendo a esa primera idea que nunca va a ser exacta. El cuadro o la
escultura a poco de andar pareciera tener vida propia, es algo realmente
increíble, el propio cuadro te va diciendo por dónde van las cosas. Ahora eso
realmente es un esfuerzo, son horas, días y a veces meses de estar dándole
vuelta al cuadro para saber por dónde ir. Son horas de mirar el cuadro y
de vivir con lo que uno está haciendo a mitad de camino, porque a tal horario
te levantás por la noche y cruzaste para ir a tomar un vaso de agua y el cuadro
te habló, ahí te diste cuenta que le hace falta tal cosa, y probablemente dejes
de dormir, te vayas al taller a ponerte a trabajar.
-¿Tenés algún cuadro
que no venderías por ningún precio?
-Sí tengo, y otros que había prometido no vender por ningún precio y los
tuve que vender. Pasa que algunos son esos cuadros bisagras, en donde uno se
animó a dar un paso que venía postulando de hace años y que de repente sucede,
entonces, si el cuadro es malo o bueno, grande o chico, no importa, para uno es
de un valor especial.
-¿Cómo trabajas o
insistís cuando estás bloqueado?
-¿Cómo? Metiéndome al taller, el desbloqueo se produce en el taller. Muchas
veces se entra al taller y no hay una idea clara o entre comillas “la
inspiración” (palabra que odio) no llega y como el taller es como una especie
de carpintería, siempre hay que hacer algo, por ejemplo limpiar el suelo que
está lleno de virutas. .El segundo paso será guardar un montón de madera. De
repente selecciono dos o tres maderas que no había visto, o dos o tres recortes
que aparté y ahí ya empezó la obra. En cuanto me doy cuenta, ya estoy haciendo
algo. Casi todo lo que me pasa, pasa en mi caso por el taller o yo lo hago
pasar por el taller, hasta ahora me ha dado buen resultado.
-¿Tu taller es un
refugio, es una “llanura apacible”?
-No, a veces es un campo de batalla. Por supuesto que me da un inmenso placer
trabajar, pasa que hacer la obra tiene muchísimos momentos muy distintos, hay
algunos de iluminación en la que uno lo tiene clarísimo, y de repente la obra
pinta para otro lado y tenés que seguirla y por lo menos en mi caso hay
muchísimo esfuerzo físico para hacer. Lijar una superficie con maderas que
están ensambladas para llegar a una cosa lisa, para después pintar, volver a
lijar y después laquear… son muchas horas. El momento de la inspiración o del
diseño en la cabeza digamos, por ahí dura cuatro horas, después vienen cuatro
meses de trabajo sobre esa pieza.
-¿Y por qué odias la
palabra “inspiración”?
-No, no es que la odie, pasa que siempre está la pregunta, que hasta ahora no
me has hecho, “¿en qué te inspiras?”. Esa cosa como si viene alguien y te tira
para arriba y te pone en las nubes, no, no es así, es más complejo.
-Me gustaría saber cómo
vivís esta experiencia y cómo articulas estas dos artes: la plástica y la
poesía. Souriau habla de las correspondencias de las artes y él por ahí
teoriza diciendo que en el artista va a haber un momento de elección de su
lenguaje que puede ser el musical, el pictórico, etc. Vos comenzaste con la
pintura pero tengo entendido que también ya incursionabas de hace años en la
escritura. Me interesa saber algo sobre el oficio de poeta y cómo llega para
vos esta vocación.
-Siempre escribí, desde chico y me gustaba la poesía. Yo creo que sí se elije
ser una cosa, uno se dedica a eso y yo elegí claramente ser artista plástico,
pintor. Ahora, durante toda mi vida sentía que había una asignatura pendiente
con la poesía y yo iba sintiendo que eso tenía que empezar a salir. Entonces,
habían épocas que los poemas estaban dormidos y había épocas que los poemas se
despertaban, entonces, bueno, volví a sacar carpetas de cosas y cosas escritas.
Me acuerdo que en el año 85, 86, estando en Madrid, conozco a Santiago [Sylvester]
y al Teuco Castilla, ahí les había mostrado unos poemas y como hasta ahora, me
ayudaron mucho, pero lo mío era la pintura y seguía pintando. Con respecto a El
Pedregal siento un poco de vértigo, un poco de miedo también. Una cosa es
debutar a los 18 años con pintura y otra cosa es a los 50 con un libro de
poemas, pero tenía que pasar, tenía que salir eso. Yo he tenido grandes
maestros en pintura, y debo decir que no hubiera sacado este libro si no
hubiera sido por los consejos, por las opiniones, por las lecturas, obviamente,
tuyas, (Kuky Leonardi), de Santiago, de Eve Solder y del Teuco. Ha sido
importantísima para mí la opinión de ustedes, pero creo que el mote de poeta me
queda muy grande.
-¿Y qué es el libro
que estás terminando?, nos podés adelantar algo…
-Bueno, El bicherío… es que no va a ser un bicherío, en realidad es un
libro que no sé cómo se va a llamar, es un poco la contrapartida de El
Pedregal. Si el pedregal es un desierto, este libro está contando un poco lo
que le pasa al desierto cuando deja de serlo, cuando eclosiona con la fuerza
de la naturaleza, del agua…También éste ha sido el tema de mi última
exposición.
-¿Qué mostraste allí?
-Se llamó Floraciones del desierto, incluí en el cataloguito un poema que
creo que estaba contando exactamente esto que yo estaba presentando en la
exposición, que era una especie de pencas, de esculturas con forma de pencas
con unas flores muy raras de metal y clavos con ciertos pajaritos o
bichos picoteando por allí y con colores muy intensos, bueno, esa es un poco la
atmósfera de este libro que es el desierto cuando entra en eclosión.
-¿Por qué los
animales transitan tanto tu obra?
-Ah, bueno, es que los animales me producen muy buen humor, no sé, aparece una
gallina con todo su ser gallina y me parece extraordinario básicamente es eso.
-Y el ser humano
¿dónde está en tu obra?
-El ser humano casi no está en mi obra (risas).
-¿Te sentís más
escultor o pintor?
-Es exactamente lo mismo, esa es una de las poquitas cosas que tengo claras, la
plástica es la misma, las dos cosas me divierten mucho pero yo tengo formación
de pintor, no de escultor.
-¿Entiende que su
arte está comprendido dentro de una estética latinoamericana?
-Sí, creo que está entroncado en eso. Pasa que, a ver, por ejemplo el mejor
cubismo no lo ha hecho Picasso ni George Braque o Juan Gris, lo hizo
Diego Rivera, que era mexicano, que anduvo con ellos en ese momento allá y pudo
cruzar o mezclar la cosa fría, analítica de los franceses, con el color y
la cosa hirviente de México. Latinoamérica tiene una vibración, un “por hacerse
en todas las cosas”, un “por decirse en todas las cosas”, que me parece
fundamental. La suerte quiere que yo sea latinoamericano y que sea pintor,
entonces no puedo dejar de mirar a Rufino Tamayo o a Wilfredo Lam y cada
vez que los miro me aportan absolutamente todo ¿no? Ojalá, ojalá lo que yo hago
pueda estar inscripto dentro de esa corriente.
-¿Qué te nutre
artísticamente?
-Artistas, muchos. Por poner una lista, Tamayo, Wilfredo Lam, Francisco Toledo,
más allá de eso, Lucio Fontana, es un artista que me parece siempre
emocionante, el de las chapas perforadas ¿no?, el tío Picasso siempre me deja
vuelta y vuelta, siempre que veo un cuadro de Picasso otra vez es un golpe.
-Fuera del arte, ¿qué
cosas de la vida retroalimentan tu arte?
-Todas, qué se yo, la vida, los amigos, el amor, andar a caballo, guitarrear,
todo.
-¿Usas tus apellidos
a la usanza salteña, Cornejo Lasteche?
-No, no, Mariano Cornejo nomás. Acá me ponen Cornejo Lasteche.
-Por nacimiento, por
apellido perteneces a una clase social alta en Salta, ¿participas de los
códigos de esa clase social o te evadiste, te fuiste?
- Tengo algunas cosas que me ha dado la vocación, la familia, no el dinero
porque no ha sido mi caso. Códigos a los que no renunciaría nunca porque me
parece que están bien. Y otras tonterías de las que sí intento despegarme o ya
me he despegado, no lo sé.
-¿Por qué necesitas
estar en Salta?
-Uf… porque cargo pilas, es un enchufe energético estar en Salta. Más
pasa el tiempo y más siento que Buenos Aires me absorbe, hace tiempo que
no me nutre como en otra época, en donde era fundamental estar en Buenos Aires
en medio del ruido. En este momento intento refugiarme en mi cabaña a
trabajar, voy a Capital estrictamente para alguna cosa puntual.
-¿Espacio o forma,
qué elegís?
-Es que no hay forma si no hay espacio, la forma va a necesitar un sitio
para ser.
-¿Qué es lo más
importante que conseguiste en tu vida hasta ahora?
-Sinceramente, que hasta la fecha mis tres hijos estén bien.
-¿Cómo definís el
sentimiento de padre?
-Y… es como un amor doloroso todo el tiempo, o sea, siempre está la
preocupación respecto del hijo, eso es lo doloroso, también está la parte
gozosa: “mis hijos están bien, están haciendo lo que quieren”, digamos, pero
siempre hay en el fondo una preocupación, una especie de contrabajo continuo
que está sonando que es como la cosa grave y eso siento.
-¿Le tenés miedo a la
muerte?
-No, no me planteo si le tengo miedo, creo que no.
-¿A quiénes admiras,
pueden ser artistas, ya dijiste, o a personas de la vida cotidiana?
-A pocos meses de la muerte de mi madre digo que admiro a mi madre…también a
muchos creadores, a muchos amigos.
-¿Qué es Molinos en
tu vida en este momento?
-Es un pueblito que creo que desde chico estaba, no sé por qué motivo, ligado a
mí, todo lo que me ha pasado en la infancia en los Valles Calchaquíes,
tenía que pasar por la coordenada Molinos. Son esas cosas como de destino.
Bueno, ahí tengo un rancho.
-¿Cómo es un día
feliz para vos?
-Depende del lugar donde esté, si estoy en Buenos Aires o si estoy en Salta. Un
día perfecto en Salta es qué sé yo, nada, estar aquí con mis amigos y terminar
la noche en la Casona
por ejemplo, ese es un día perfecto para mí, o al día siguiente salir a andar a
caballo, qué se yo. En Buenos Aires, un día perfecto puede ser desde las siete
de la mañana hasta las ocho de la noche en el taller.
-¿Qué cosas te
entristecen?
-Mm…. ver gente hecha bolsa por ejemplo, me entristece la pobreza, la miseria
de la gente, me entristece por ejemplo ver un cyber lleno de adolescente
jugando a jueguitos electrónicos, me entristece muchísimo eso, me da bronca.
-¿Qué cosas te hacen
reír?
-Más allá de la gallina, una buena comida, una buena charla, un buen vino, es
una situación ideal.
-Bueno, para terminar
¿qué esperas de tu arte?
-Uyy ¿qué espero de mi arte? Que no se me escape, que siga apareciendo si es
que aparece cuando estoy en el taller… que siga irradiando.